martes, 10 de agosto de 2010

Duns Scotto III

3. LA ESTRUCTURA DEL SER SENSIBLE
Aunque el ente es el objeto de nuestro entendimiento, sin embargo, en la situación histórica son las cosas corpóreas. Hay que investigar la estructura de la realidad corpórea. empieza a fijarse en el movimiento en que se someten las cosas. Cómo han de ser los seres para que se sometan al movimiento. Aristóteles respondió con su teoría del acto y la potencia, aplicable a todo tipo de venir. Observó que las cosas estaban sujetas a movimientos más o menos profundos, sustancial o accidentalmente. Completó su teoría acto potencia enseñando que en los seres materiales hay una doble composición: sustancia y accidentes, y materia y forma. Una revela los campos accidentales . La segunda a los cambios sustanciales. Explica la aparición del ser mismo de las cosas, generatio y corruptio. Duns Scotto suscribe la teoría aristotélica del hilemorfismo. Sölo se explica si la sustancia material es compuesta de materia primera y forma sustancial. Dos coprincipios. Las diferencias aparecen cuando se explican esos dos coprincipios. Santo Tomás enseñó que la materia primera no posee en propiedad ninguna actualidad. No es sino que un poder ser alguna cosa, ser susceptible de alguna determinación, es pura potencia. Para poder existir tiene que tener alguna determinación. Por eso Santo Tomás añade que solo puede existir la materia en unión con la forma, es ella que la actúa. Sólo tiene realidad en relación con la forma. Duns Scotto no puede aceptar esa tontería porque o se renuncia a decir que la materia es un princpio real o se admite que es un principio y algo positivo y por ello algo con un minimum de ralidad, de actualidad propia. Ex aliquo et aliquo, no ex nihilo et aliquo. Sólo así se puede afirmar que la materia es un principio real del compuesto, que es el sujeto de los cambios sustanciales y sobre todo solo si la materia es algo positivo se puede pensar qeu es el tèrmino del acto creador.
La materia es una realidad distinta y positiva respecto de la forma.Scotto sabe que hay dificultades: esa concepción compromete la unidad sustancial del compuesto. Santo Tomás subrayaba que de dos entes en acto no sigue la unidad sustancial, porque hay posibilidad de que un elemento exista sin el otro, una autonomía ontológica. Sólo hay unidad sustancial cuando el esse es único. Sólo así los elementos se exigen el uno del otro. Para escapar de esa dificultad hay que matizar esa actualidad cierta de la materia. Esa cierta actualidad. Un ser en acto se opone al ser posible. Porque el ente comprende no sólo los seres normales sino la infinidad de los seres posibles. Así la materia primera en este sentido puede decirse en acto. Si se entiende el acto en sentido de determinación, acto es sólo la forma por definición: la materia primera no esun principio determinante sino determinable. Así la materia no tiene determinación de ningún tipo. Pura potencia, ni sustancial ni accidental. La actualidad de la materia es entendida como ser, pero el esse no es como el esse de Santo Tomás, esse en cuanto existe actualmente, no es posible, la objetividad. Siguiendo con la dificultad segunda. La actualidad de la materia no hay que confundirla con la actualidad formal: puesto que es una actualidad que hace que las cosas existan sin ninguna cualificación. La relación materia forma es de coprincipios que entraña una diferencia radical entre esos dos principios: la materia es esencialmente determinable y la forma determinante. Son dos principios constitucionalmente complementarios. En virtud de esto la materia y la forma se une con el núcleo sustancial, el vínculo más fuerte. Pese a esa complementariedad no es absurdo la separación de la materia y la forma. La posibilidad de hacer existir la materia prima privada de forma sólo le compete a la causa primera. Porque las causas segundas no poseen esa capacidad. Porque la materia primera es el término de un acto creador: se escapac a la iniciativa de cualquier criatura. En el fondo de esta doctrina hilemórfica Scotto está pensando siempre en la doctrina de la creación. Si se separa de Santo Tomás lo hace por una preocupación creacionista. Sólo se puede salvar la creación si la materia prima tiene cierta actualidad y no si recibe esa actualidad de la forma.
La consecuencia más relevante de esta doctrina es un nuevo concepto de unión substancial diferente del concepto de unión substancial de Santo Tomás. Para Tomás la unión substancial implica la unidad del esse, sólo cuando las partes de condicionan del modo que la existencia de una está en relación con la otra, actus essendi. Scotto tiene otro concepto de unión substancial. Surge de que los elementos se reclaman el uno al otro de suerte que esa reclamación les haga ser un tertium quid. Es sufuciente para garantizar la indisolubilidad del concepto. La razón de ser de la materia no es otra que la de ser determinable por la forma. Santo Tomás reclamaba la unidad del esse. En Scotto no puede haber unidad en esse. Scotto está poniendo las bases para una doctrina de la pluralidad de formas sustanciales sin que se compromete la unidad del comupueso. Scotto encuentra en los seres sensibles otra composición, de materia común ha haecitas (singularidad) principios de individuación scotista. Hay que acudir a la teoría de los universales. Scotto aquí empieza por analizar las soluciones que este problema había tenido antes de él, la solución nominalista, la ultrarealista y de este análisis sale un tercera teoría que es la del realismo moderando que es la suya cdomo antes había sido la de Tomás de Aquino: ambas se apoyan sobre un mismo fundamento aviceniano: el tercer estado de la esencia, la esencia considerada en sí misma.
El problema es que las cosas de la experiencia son singulares mientras que nuestros conceptos universales. Los nominalistas resuelven el problema afirmando que lo que veraderamente hay son los individuos y la universalidad no es verdadera propiedad de las cosas. Lo que expresan nuestros conceptos no es algo real, los términos son sin correlato real. La universal es obra del entendimiento porque de suyo las cosas son singulares de suyo. Realismo exagerado, quiere salvar la objetividad del conocimiento abstractivo y afirmar que nuestros conceptos son respuestas a realidades universales. Los juicios son una estratificación de naturalezas universales recubiertos de notas individuales: las cosas son ex se universales. Para Scotto las cosas por definición ex se no son singulares ni universales sino que son un neutrum de suyo, si de suyo fueran singulares siempre serían singulares y universales también. Las esencias tienen tres estados (según Avicena). Equidditas, universalidad y neutro. Según qué relación se la considera. Equidditas est equidditas tantum. La caballeidad es la caballeidad.
Para saber lo que es una cosa no necesita (para ser ni única ni múltiple). La esencia del caballo no cambia porque haya muchos. Si el ser singular o universal no modifica la esencia de algo, a la esencia no le repugna ni la singularidad ni la universalidad. Se trata de una propiedad que no está conectada con la esencia sino con el esse. Con el real y el mental, singular y universal. El hombre puede existir extramental o con el entendimiento o en el entendimiento pero la definición de hombre coincide con el singular. El hombre que encuentro es este o aquel mientrsa que el concepto es universal, predicable de multis. La singularidad tiene que ver con la existencia real. La universalidad es una propiedad que tiene que ver con la existencia intencional.
Tres tipos de universalida. Universal es aquella propiedad lógica que tienen nuestros conceptos que cuando es predicable de muchas cosas. Universo lógico. Este universal lógico tiene un fundamento real. Puede ser remoto o próximo. El remoto está constituido por el hecho de que la cosa no le repugna decirse de muchos. En las cosas hay una natura común a todos esos individuos. A esta natura communis es a la que designa con el nombre de universal físico. Como si a las cosas las pertenecerse una cierta universalidad. Entre estos dos universales coloca el universal metafísico: es necesario que el fundamento remoto sea positivo a fin de que se pueda decir de muchos, esto es el universal metafísica, la naturaleza abstracta, como lo extraigo de ellos vuelve al individuo. Es el fundamento propio de la universalidad lógica que es la única universalidad. A cada uno de los estados de la esencia les conviene universalidad.
Esencia en la realidad - Universalidad física
Esencia en el entendimiento - Universalidad lógica
Esencia en sentido absoluto - Universalidad metafísica
Hay una naturaleza universal, es el universal metafísico. La naturaleza la considero in re -físico- e in mente -lógico-. La originaliad ante Santo Tomás está en el universal físico. Para Tomás el fundamento remoto de la universalidad lógica son los individuos singulares. Para Scotto es la que tiene singularidad.
Esto no significa que in re haya formalmente universalidad p orque cuando habla de natura communis habla de un universal en potencia, no en acto. Problema intellectus facit universalitatem. Es un universal en potencia en las cosas formalmente es obra del entendimiento. Los predicamentos son los distintos tipo de universal metafísicos. Los predicables son los diversos tipos de universalidad lógica. En la realidad hay muchos individuos de una misma especie, hay multiplicación y hay singularización. Debe haber un principio de multiplicación y de singularidad de los individuos. La universalidad tiene su explicación en el entendimiento -universal lógico-. La singularidad se debe a la haeceitas que individúa a la natura communis. El paso de una natura communis a un individuo es un enriquecimiento ontológico. Ese mayor pero del individuo lo descubre la mayor unidad del individuo frente a la unidad de la especie. La especie goza de unidad pero el individuo pero el individuo tiene más. La especie se puede predicar de muchos aún siendo una, no tiene unidad externa, indivisa in re, no indivisa ab alio. Si tiene más unidad el individuo tiene más ser: ens et unum conventuntur. No puede admitir la solución agustiniana (Enrique de Gante): decía que la individuación es imperfección porque el individuo no se comunica, no se puede predicar. Scotto dice que si no se comunica será por algo positivo. La haeceitas es algo positivo. Por eso tampoco tiene razón Santo Tomás por creer que el principio de individuación es la materia que singulariza la forma, la esencia. La materia individúa en la medida que ella está singularizada y está así en cuanto está afectada por la cantidad, accidente. Materia signata quantitate.No es la materia primera sino la materia segunda que está ya cuantificada. La cantidad surge de la forma. Scotto ve que esta solución es contradictoria. El contrasentido está en que la materia por naturaleza es indeterminada y no puede ser el principio de la determinación de los individuos. Si el paso de una esencia específica a una individual es un enriquecimiento, la objeción es obvia. La intrínseca divisibilidad de la materia no puede ser principio de cohesión interna. Estas críticas suponen su convicción de que el individuo es un ser más rico que la especie. Los individuos no son para la especie sino la especie para los individuos. La especie hace posible la multiplicación de los seres y su singularidad. La haeceitas es un incremento ontológico que no está en el orden de la esencia sino en el orden del esse. Es un modo de ser que hace madurar al esse, lo enriquece. Esta realidad no es una forma nueva sino como la última realidad de la forma. Por eso es imposible que un individuo se predique de otro. Consecuencias: (1) La composición natura communis-haeceitas no se entiende como composición real, sino como materia y forma sustancial. La haeceitas no se configura como un elemento esencial. Es un grado ulterior de actualidad. En orden al existir. (2) Puesto que el individuo tiene un grado de ser mayor que la especie, el individuo tiene un grado de bondad y de verdad mayor que la especie. Es más inteligible lo singular que lo universal. El entendimiento conoce por ahora por abstracción pero no se debe concluir que el universal es más inteligible. Sólo para nosotros los individuos son más oscuros. (3) Si la haeceitas da razón de la singularidad de todos los seres, también de los espíritus puros. Hay multiplicación de las esencias angélicas. Los seres sensibles están compuestos de natura communis y haeceitas. Nunca afronta el problema de essentia y esse. Dice que en los demás seres la esencia no incluye la existencia, sí en Dios: la raíz de las diferencias respecto a Santo Tomás es un concepto diverso de potencia. Scotto es incapaz de concebir la diferencia entre la potencia objetiva (ser pensado) y la potencia subjetiva (causas que condicionan algo) sin admitir que en la potencia objetiva haya una cierta actualidad. De ahí el concepto peculiar suyo de materia primera, de ahí que la natura communis tenga estatuto metafísico propio, y de ahí que no le parezca problemático la distinción entre essentia y esse.

Duns Scotto II

2.LA UNIVOCIDAD DEL ENTE
Cuando elabora su solución al problema del conocimiento se mueve en la preocupación de no excluir la realidad divina y que el conocimiento humano tiene que ser abstractivo con el fin de poder fundar el discurso metafísico: hay que entender que el concepto de ente sólo puede estar en condiciones de justificar el discurso metafísico si ese concepto del ente sea por sí mismo predicable de Dios y de las criaturas, de la sustancia y de los accidentes. Reconocer esto se predica de Dios y de las criaturas unívocamente. El concepto de ente no sería unicomprensivo si no fuese unívoco, ni trascendental. La univocidad resulta demostrada. Es la prolongación de la tesis del conocimiento. Scotto sintió la necesidad de aducir dos razones. El problema de la univocidad era nueva en agustinianos y tomistas, porque todos los conceptos trascendentales eran análogos. Por iluminación admite que esos conceptos son cortados por el patrón de la realidad divina (agustinianos); entonces esos conceptos no pueden ser predicados de las relaciones crecidas sino analógicamente. Por la abstracción de las nociones trascendentales advierten que esos conceptos están cortados por el patrón de las realidades simbólicas, y no se puede predicar en Dios unívocamente sino análogamente (tomistas). Scotto intenta resolver esto mediante la univocidad del ente. Quería asiignar que el objeto es muy preciso. También quería disolver la frontera entre teología positiva y negativa. Ya se comenzaba a llegar al agnoscticismo de la teología negativa.
La teoría de la univocidad es la más seria de justificar la positividad del discurso teológico filosófico. Si se tiene en cuenta que el gran filósofo, Enrique de Hante defendía la analogía de forma que comprometía la posibilidad de que el hombre accediese al conocimiento filosófico de Dios. Predicaba que las pimeras mociones se predican analógicamente entre Dios y las criaturas, había una univocidad analógica aparente porque en realidad no hay un solo concepto de ente sino dos, uno es predicable de Dios y otro de las criaturas. Esa unidad analógica sale de la debilidad e imperfección de nuestro entendimiento. En un primer momento no distingue ser participado y no participado. Esa confusión viene facilitada por la semejanza entre el ser divino y las criaturas. El fundamento de la analogía es la debilidad del entendimiento humano. Santo Tomás diría que es la composición de las cosas. Enrique de Gante es nominalismo y fideísmo. Si lo que dice es cierto jamás podríamos estar ciertos de la univocidad de los conceptos universales porque esi el concepto de hombre se predica unívoco de Sócrates y Platón, podría ser una superposición de conceptos. Si están unificados es porque son muy semejantes entre sí. El fundamento de los conceptos universales habría que buscarlo en nuestro entendimiento que funde en una dos o más representaciones distintas. La afirmación de la univocidad de Scotto era frenar el nominalismo que se venía venir.
También hay otro inconveniente: el fideísmo. Los primeros principios positivos están formados por las primeras nociones (la no contradicción -ens y no ens). Si ese concepto ens no posee una unidad sino que es unívoco y se resuelve en dos concenceptos distintos, los primeros principios entonces no rigen toda la realidad porque en un caso las primeras nociones del ente infinito y ese principio rigiese sólo ese campo, y otro primer principio sobre la noción de finito con otro principio. Scotto cree que esto se evita si se examina críticamente: hay que determinar el objeto propio y las consecuencias que se derivan de ahí, la univocidad. En el concepto del ens para que sea unívoco debe tener un determinado concepto de ens: prescinde de las determinaciones predicamentales y los modos intrínsecos (finitud e infinitud). La prueba evidente es que el concepto de ente en un segundo momento es indeterminado sin reservas interiores. La absoluta simplicidad del concepto de ente le impide variar de significado. Siempre se predica en el mismo sentido. Tiene un problema gnoseológico, no ontológico. La preocupa más el poder llegar a Dios a través de las criaturas, no lo que hay en común entre creador y creatura. Pese al abismo metafísico hay un concepto que permite satarlo. Afimar que lo que está más allá no está fuera del horizonte cognoscitivo del hombre. Es preciso saber si esa unidad tiene un fundamento formal, real o es lógico. Si es lógica hemos abierto el paso al esceptcismo okhamista. Si esa unidad tiene fundamento en la realidad nos lleva al panteísmo. Scotto fue consciente de esta último cuestión. Hay una comunidad entre el ser infinito y el ser finito. Porque el ser no puede ser considerado como un género. La finitud y la infinitud son modos extrínsecos del ser, no son perfecciones que se le añaden, sino modalidades que le determinan originariamente, no sucesivamente o en un segundo momento. La finitud y la infinitud están contenidas en la noción de ser. Es inseparable de ellos. Aunque sea separarable de ellos es posible prescindir de esos modos en el plano lógico. El concepto de ente se predica de todos los seres porque se revela como indiferente frente a la finitud o a la infinitud. Sobre la base de la teoría de la univocidad está su peculiar noción de ens casi absolutamente vacía.

lunes, 9 de agosto de 2010

Duns Scotto (1265/66-1308)

Nació en Escocia. Estudió en escuelas franciscanas, y encontró allí su vocación religiosa. Vistió pronto el hábito. A los 25 años fue ordenado sacerdote. Esos diez años fueron dedicados al estudio en Oxford y después en la facultad de París. Enseña en París entre Enrique de Gante, su maestro del que llegó a tener buen conocimiento. Volvió a Inglaterra donde se ordenó. Cursó el título de magister entre Oxford y París. En ese año hay una pugna fuerte entre la política de Felipe el Hermoso y El papa Bonifacio. Quería que los monjes se sumaran a su causa. Duns fiel al papa fue enviado de Oxford. Retorna a París. Proclamó su favor al dogma de la Inmaculada. Aparece en Colonia en 1308, porque Felipe se ponía en lucha contra el papado. Duns quería la sodidaridad de la Universidad. Fue alejado de Francia, tachado de herético por su favor a la Inmaculada Concepcón. Murió en Coloma, a los 43 años. Sobre su sepulcro: Scocia me engendró. Inglaterra me crió. Francia me recibió. Colonia me tiene. Otras destacables: Opus Oxoniense, de sus enseñanzas en Oxfod, comparada a la Suma Teologica, también obra de madurez, es llamada ahora ordinatio. La otra gran obra reportata parisencia, son enseñanzas recogidas en apuntes. Aun siendo franciscano comentó ampliamente a Aristóteles. Los agustinianos tuvieron polémica con Tomás de Aquino. Duns Scotto supo combinar a Aristóteles.

1. EL OBJETO DEL ENTENDIMIENTO HUMANO
Donde se advierte esta lucha es en este tema. Contraste entre el agustinianismo y el aristotelismo tomista. Es una doctrina que da unidad a todas sus demás doctrinas. El problema mismo tiene una importancia teórica notable. La discusión de este tema lo que significa es el problema del fundamento. Scotto trata de averiguar si la metafísica es o no posible, y también el discurso filosófico. Ninguno anteriormente lo trató con la extensión del maestro inglés. Es el primero en preguntarse por el sentido del fervor metafísico del siglo XIII. Con Scotto se señala el paso de un periodo constructivo a uno crítico. Algunos lo ven como el primer responsable de la decadencia escolástica o el primer moderno.
El sentido del primer objeto del entendimiento humano es la cosa más perfecta que el hombre puede conocer o es aquello que constituye el término primero del conocimiento puesto que el entendimiento está ordenado a conocer -primum ordine aedecuationis- o un ordine ontológico? El problema para Scotto es el lo, se trata de pensar cuál es el objeto que determina el horizonte cognoscitivo del nuestro entendimiento: illud est primum, aquel a través del cual se entienden todos las demás cosas. El objeto primero está definido por dos notas: ese objeto condiciona el conocimiento de cualquier objeto y que está incluido en todo objeto conocido. De aquí sí yo sé cuál es el objeto yo sé cuál es la apertura cognoscitiva del hombre y cuál es el ángulo bajo el cual mi entendimiento considera toda realidad que estudia. Saber si Dios cae o no bajo nuestro conocimiento, si nuestro conocimiento puede trascender el mundo de la experiencia. Cuál es el término directo inalienable de nuestro conocimiento porque en virtud de él se hace inteligible todo el resto. Scotto observó que la corriente agustiniana había dado una solución así como la aristotélica. Las examina y propone una propia. La primera solución que analiza es la aristotélica tomita. In ista quaestione dicen los aristotélicos est quidditas rei materialis, la esencia de las cosas materiales. Santo Tomás dice que ha de haber proporción entre la facultad y el objeto que comparte las necesidades metafísica de esa potencia, sólo así la puede actualizar. Distingue los sentidios, el entendimiento humano y el angélico. El sentido depende de la materia en el ser y en el obrar, conoce sólo lo particular y material. El entendimiento angélico es independiente de la materia en su ser y en su obrar y su objeto son realidades inteligibles. El entendimiento humano es intermedio: los sentidos y el angélico. En su ser está unido a un cuerpo aunque en su actividad no depende de los órganos corporales, está ordenado por propia naturaleza a conocer la esencia de las cosas y por otro a conocer esencias que abstrae de cosas materiales. Por naturalaeza es entendimiento abstractivo. Scotto encuentra un defecto en esta doctrina. Si eso es así Santo Tomás hace física pero no metafísica, por su propia naturaleza ha de quedarse en las cosas materiales. Scotto dice que no. La tesis tomista encierra una dificultad notable. El objeto delimita la potencia: el entendimiento humano está cerrado a otro acto de conocer. Si la naturaleza es conocer las cosas materiales no puede superar su propia naturaleza. Esas consecuencias son inaceptables para un filósofo que no quiera renegar de Aristóteles porque el hombre no sería un ser racional si no buscase la causa última de lo que sucede en torno a él. Dimitiría de su condición racional. Si la causa última es Dios, el hombre desea por propia naturaleza conocer a Dios. Debe conocer una esencia inmaterial y eso le está vedado a Santo Tomás. Aristóteles dice que la metafísica es distinta a la física. Lo que pretende Scotto es defender la legitimidad de la investigación metafísica y revindicar al entendimiento humano una capacidad de conocer diversa de la abstracción a partir de las cosas materiales. Santo Tomás dice que el objeto del entendimiento humano es el ente, se extiende a todos los seres y empieza por captar ese ser por las cosas materiales. Parece que Tomás no está cerrado sino que empieza pero su objeto son todos los seres. A Scotto no le sirve esa declaración, diciendo que eso son buenas intenciones porque lo justifica mal: la razón no es buena porque acude al vínculo sustancial entre el alma y el cuerpo. Pero eso se convierte en una ley que el entendimiento no puede abandonar nunca. No podría superar el ámbito de realidades sensibles o conocer realidades no sensibles con la abstracción. Algunos para evitar esto sostienen que el objeto propio es Dios. Esto está implícito en la teoría de la iluminación. Lo afirma Enrique de Gante, por razones agustinianas. Scotto: nadie niega que Dios es el inteligible por excelencia. Pero lo que es primero en un orden es casa de todo lo que acontece en el orden. Dios es causa de toda inteligibilidad, se hacen comprensibles sólo a la voz de Dios. Prioridad de lo infinito sobre lo finito. Antes el conocimiento de lo infinito. Pero Duns Scotto no es capaz de admitir esta tesis. Una cosa es que el objeto es el ens y otra que sea el ens infinitum. No puede ser. Porque eso es demasiado para nuestro intelecto. El asunto se resuelve en voluntarismo. Podemos conocer sin conocer a Dios. Ni la esencia ni Dios son objeto de nuestro entendimiento. Unos restringen el ámbito del entendimiento humano; los otros atribuyen demasiado al entendimiento y no explican cómo es. El que quiera ajustarse a la experiencia dice que de razón tanto la capacidad humana para un discurso metafísico como el carácter conceptual del entendimiento. Debe hacer posible el conocimiento de Dios y como a partir de la experiencia sensible. La solución de Scotto es compuesta: hay que distinguir el objeto ex natura potentiae y pro statu isto. El objeto del entendimiento es el ens en cuanto ens ex natura potentiae. Si consideramos la situación histórica en que se da es la quidditas materialis rei. Una cosa es en absoluto su naturaleza y otra el funcionamiento del entendimiento en las circunstancias históricas. Ens en cuanto ens. Nuestro entendimiento está por constitución ordenado a pensar el ser en su totalidad. Apertura trascendental del pensamiento. Esencial intencionalidad del pensamiento. El hecho de que haya unidad sustancial no puede perjudicar esa apertura de nuestro entendimiento. Puede disminuir. Por ello no cree pertinente la solución de Tomás, que atribuye importancia excesiva a la unión sustancial. El entendimiento no sería tal sin entendimiento. La importancia de esta respuesta es crucial. Scotto creía satisfacer las exigencias de los agustinianos que querían armonizar la filosofía con los destinos sobrenaturales. La expresión clave es la teoría del status, pro stato isto. Las condiciones existenciales obligan al entendimiento humano a arrancar de los seres sensibles. Si nuestro entendimiento está ordenado a revelar la totalidad de lo positivo, también Dios por ahora ha dispuesto que la actividad intelectiva en el hombre se explique en conexión con la actividad sensitiva. Nuestro conocimiento como quiere Santo Tomás es abstractivo porque Dios ha dispuesto que lo sea. La diferencia con Tomás es que la razón no es la naturaleza del entendimiento sino una disposición divina. La impotencia de nuestro entendimiento para captar directamente todas las cosas no depende ex imposibilitate intrinseca sed extrinseca, puesta por Dios en su inescrutables designios.
Esto no es ontologismo porque la experiencia nos muestra que el conocimiento es abstracto, pero también que va más allá de los datos sensibles. Cualquier aplicación ha de apoyarse en unas razones que no pongan en tela de juicio ninguna de esas dos enseñanzas. Para ello construye su teoría del Status, bajo la condición de que la creación sea libre. Y todo ha de tener en cuenta siempre la creación. Las creaturas tienen por ello un status determinado. Nuestro entendimiento no sería tal si no estuviese ordenado al ens en quantum ens. Pero en las condiciones actuales estamos sometidos a que debe arrancar de lo sensible y todos los conocimientos pasan por la abstracción. Al hombre por ahora le está vedado un conocimiento intuitivo del ser. El objeto del intelecto es el ser y cualquier cosa que conoce la conoce a la luz del ser. El ente está detrás de cualquier otro concepto.

miércoles, 4 de agosto de 2010

Santo Tomás de Aquino XI

5. EL ORDEN SOCIAL
El hombre de facto sólo tiene u fin, el fin sobrenatural. Santo Tomás no podía adoptar por completo el aristotelismo. Aristóteles suponía que el estado podía adoptar por completo el aristotelismo. Tomás sostenía que esa capacidad sólo es de la Iglesia. Santo Tomás complementó su aristotelismo de acuerdo con las exigencia de la fe cristiana. Para Aristóteles el fin del hombre es autosuficiente y se logra mediante la vida en el estado, mientras que para el aquinate el fin del hombre es sobrenatural y sólo puede conseguirse plenamente en la vida futura.
El Estado es, coincidiendo con Aristóteles, una institución natural fundamentada en la naturaleza del hombre. El hombre es por naturaleza un ser social nacido para vivir en comunidad con los hombres. El signo más evidente de ello es su facultad de expresar ideas a otros hombres por medio del lenguaje. Si la sociedad es natural también lo es el gobierno. Si la sociedad es natural también lo es en el gobierno. El gobierno se encarga de pensar en el bien común y de dirigir las actividades de los individuos con vistas a ese bien común.
Si la sociedad y el gobierno humano son naturales se sigue que tiene justificada en Dios su autoridad, puesto que la naturaleza humana ha sido creado por Dios.
Al declarar el estado una institución natural le dio un fundamento utilitario: su utilitarismo es aristotélico. La tendencia e impulso social del hombre hace que la sociedad pueda mantenerse; a pesar de la tendencia egoísta. Evitó la noción de que el Estado en consecuencia del pecado original y la noción de que el Estado es una creación del egoísmo. El Estado es una institución con derecho propio, un fin propio y una esfera propia. El Estad es una sociedad perfecta para la consecución de su propio fin. El fin de la Iglesia, un fin sobrenatural, es más elevado que el Estado, de modo que la Iglesia es una sociedad superior al Estado. Pero eso no altera el hecho de que el Estado es una sociedad perfecta autónoma, con su esfera propia. La tentativa de síntesis de Tomás entre la Iglesia y el Estado es algo precaria. Tomás declara que el fin de la sociedad de la sociedad es una vida virtuosa; el fin último de la sociedad es la vida virtuosa para gozar de Dios, y ese fin no lo logra por poder humano sino por poder divino. De manera que la condición del hombre a su fin último se confía a Cristo y a la Iglesia, de modo que los reyes deben estar sometidos a los sacerdotes. Insiste en que al rey le corresponde procurar la vida buena de sus súbditos con obtención al logro de la beatitud eterna. Es tarea del monarca facilitar en su dirección de los asuntos terrenales, el logro del único fin último del hombre. La opinión del aquinate respecto a la relación entre Iglesia y Estado es semejante a su opinión sobre fe y razón. La razón posee su propio campo pero no por ello la filosofía deja de ser inferior a la teología.
Una ambigüedad semejante se manifiesta en la relación entre individuo y Estado. Es necesario que la ley tenga su mira en la felicidad común pero habla como si el ciudadano estuviese subordinado al todo del que forma parte. Pero insiste que el que busca el bien común busca igualmente su propio bien. El hombre no es simplemente un miembro del Estado y en realidad la cosa más importante para él es su vocación sobrenatural.
Pero su totalitarismo queda extraño a su obra en su consideración de la ley y del origen de la soberanía. La ley divino-positiva es la ley de Dios tal como ha sido positivamente revelada y la ley del Estado, la ley humano-positiva debe aplicar la ley natural y aplicar sanciones que ayuden al cumplimiento. La función primordial del legislador es definir o hacer explícita la ley natural. La ley humano se deriva de la ley natural. El poder legislativo deriva en última instancia de Dios. Las leyes humanas humanas justas obligan en conciencia en virtud de la ley eterna de la que últimamente derivan.
Las facultades del legislador están leyes del ser absolutistas en el pensador de Santo Tomás. La soberanía es dada por Dios al pueblo como un todo y delegada por este al gobernante efectivo. La deposición por ello del tirano siempre es legítima. La mejor constitución será mixta, un lugar para la aristocracia y la democracia: la elección de los magistrados está en manos del pueblo.
En la cualificación del gobierno sigue a Aristóteles. La tiranía es la peor de las formas malas y la monarquía la mejor de las formas buenas. De todas las formas lo importante no es la precisa forma de gobierno sino la promoción del bien público. La teoría política de Santo Tomás es de carácter semejante.
La teoría política de Santo Tomás es parte integrante de todo su sistema filosófico. La autoridad, el derecho, se basa en la razón y debe ser ejercitado según la razón. La ley se define entonces como una ordenación de la razón para el bien común promulgada por quien tiene autoridad en la comunidad. El soberano ocupa un lugar natural de jerarquía. Entre el fin sobrenatural y el fin natural del hombre debe haber la debida armonía y debida subordinación del segundo al primero. Las formas de gobierno pueden cambiar pero el hombre tiene una esencia y naturaleza permanente y fija en esa naturaleza fundamenta la necesidad y la justificación moral del Estado. El Estado no es ni Dios ni el anticristo, es uno de los medios para los cuales Dios dirige a su fin la creación racional encarnada.

martes, 3 de agosto de 2010

Santo Tomás de Aquino X

4. EL ORDEN MORAL
En la Ética a Nicómaco Aristóteles dice que todo agente obra por un fin y que el agente humano obra por la felicidad. La felicidad humana consiste primeramente en la theoria, contemplación del Motor Inmóvil. Además el télos de la actividad moral es un fin a adquirir en esta vida. No hay insinuación en la ética aristotélica de una visión de Dios en la vida futura. En Santo Tomás hay un cambio de énfasis de la ética aristotélica. Los actos que caen dentro de la moral son los actos libres. Todos los actos humanos se ejecutan con vistas a un fin aprehendido. Nuestro conocimiento natural se obtiene a partir de la experiencia sensible; sin embargo, el fin último, la perfecta felicidad no se encuentra en ninguna cosa creada, sino solamente en Dios. Dios es el bien universal en concreto, cuya contemplación perfecta sólo alcanzaremos en la vida futura. La felicidad de Aristóteles la ve Santo Tomás como una felicidad imperfecta, ordenada a la felicidad perfecta, sólo alcanzable en la vida futura. Incluso la felicidad temporal puede suprimirse si no desaparece la esperanza de la felicidad perfecta.
Por tanto, Santo Tomás introduce la consideración de la vida futura, de la que Aristóteles nada dice. La beatitud consiste en el conocimiento y amor natural de Dios tal como puede alcanzarse en esta vida y la beatitud natural perfecta tal como puede darse en la vida futura. Las acciones buenas son las compatibles con la beatitud perfecta y las malas las incompatibles. La beatitud última y perfecta sólo puede consistir en la visión de la esencia divina. Santo Tomás cuando considera el hombre lo hace en concreto y por deseo natural del hombre entiende el deseo de conocer lo más posible la última causa, en el orden concreto y real y deseo de ver a Dios. El entendimiento está hecho para la verdad y sólo y sólo puede satisfacerse con la visión de la verdad absoluta. El término del movimiento natural del entendimiento es, de facto, la visión de Dios, de tal manera que el fin del hombre es el fin sobrenatural. El aquinate utiliza la ética filosófica pero la adapta a un andamiaje cristiano. No ignora el hecho de que el logro del verdadero fin del hombre excede su capacidad; considera al hombre como orientado a ese fin. La beatitud de esta vida puede perderse -ya alcanzada- pero la perfecta no puede perderse. De igual modo la voluntad desea necesariamente la felicidad y de facto esa beatitud sólo puede resultar de la visión de Dios. La fe no satisface el deseo sino más bien lo excita. El hombre no puede alcanzar la visión de Dios por sus propios esfuerzos. Tal logro se hace posible mediante la gracia de Dios. El hombre en el orden real concreto ha sido destinado a un fin sobrenatural y no puede ser satisfecho por nada inferior.
La voluntad desea la felicidad y los actos humanos son buenos o malos en la medida en que son o no medios para el logro del fin. El fin es aquel que perfecciona al hombre como ser racional. Todo acto humano es bueno o malo a diferencia de los actos del hombre, que pueden ser indiferentes.
Santo Tomás sigue a Aristóteles al tratar las virtudes morales e intelectuales como hábitos, cualidades por las que el hombre vive rectamente. La virtud moral consiste en el término medio. Es facilitar la conformidad a la regla de la razón en la parte apetitiva del alma. Si se considera simplemente la conformidad con la regla de la razón constituye el otro extremo pero con respecto a la materia que se refiere -la pasión o el apetito en cuestión- la vida es un término medio. El factor trascendental de la acción virtuosa es la conformidad a la regla de la razón que dirige los actos humanos a su fin último.
La regla de medida de los actos humanos es la razón. Pero la razón no es la fuente arbitraria de obligación. El objeto imaginario de la razón práctica es el bien que tiene naturaleza de fin y la razón práctica al reconocer el fin enuncia su primer principio: Bonum est faciendum et prosequendum, malum vitandum. La ley moral es racional y natural, no es caprichosa, tiene su base en la misma naturaleza humana. La ley natural se refiere a aquellas cosas que son necesarias a la naturaleza humana. Puede haber actos buenos y conformes a la naturaleza sin ser obligatorios. La ley natural no puede ser cambiada, pero puede ser incrementada, puede promulgar preceptos útiles para la naturaleza humana. Los preceptos primarios de la ley natural son enteramente inmutables. Los preceptos secundarios pueden mutarse en casos particulares, por las circunstancias, pero no hay nunca un cambio radical de los preceptos secundarios. Los hombres no pueden ignorar la ley natural, puesto que son principios de la naturaleza humana. La obligación vincula la voluntad libre a la realización de aquel acto que es necesario para la consecución del fin último, un fin que no es hipotético sino absoluto.
Respecto al fundamento de la ley natural hay otra clara diferencia con Aristóteles. El Dios de Aristóteles era causa final pero no era creador, causa eficiente y ejemplar. Para Santo Tomás si Dios crea el mundo y lo gobierna, la sabiduría divina es ordenadora de las acciones humanas hacia su fin: y así Dios constituye la ley eterna: es eterna ex parte Dei, no ex parte creaturae. Esa ley eterna es origen y fuente de la ley natural. La ley natural se expresa pasivamente en las inclinaciones del hombre, y es promulgada por la luz de la razón en la reflexión de tales inclinaciones. Por ello la ley eterna está suficientemente promulgada por todos los hombres. La razón humana podría llegar en teoría a un conocimiento de los dictados de la ley eterna. Pero por el desajuste de nuestra naturaleza era moralmente necesario que la ley natural fuera expresada positivamente por Dios y además la ley sobrenatural. La ley eterna depende primariamente de la razón divina que considera la idea ejemplar de la naturaleza humana. Dada la naturaleza humana la ley natural no podría ser de otro modo que es. En la naturaleza humana discierne Dios la ley y la quiere porque se ama a Sí mismo como Bien Supremo y porque no puede ser inconsciente consigo mismo. Dios es en sí mismo el valor supremo y el arquetipo de todo valor que son participaciones suyas. La ley moral es la que es porque Dios es el qu ees, ya que la misma naturaleza humana depende de Dios.
El reconocimiento de Santo Tomás de que Dios es creador le llevó a reconocer valores naturales que Aristóteles no vio. Siva de ejemplo la virtud de la religión. Por la religión el hombre tributa culto a Dios como principio de creación y gobierno. Está subordinada a la virtud de la justicia. El hombre paga a Dios su deuda de culto y honor, que le debe en justicia. Aristóteles nunca vio una relación personal entre hombre y Dios. Santo Tomás vio como deber primordial del hombre la expresión en acto de la relación, vinculada a su mismo ser. El hombre virtuoso para Aristóteles es el más independiente de los hombres; para Santo Tomás es el más dependiente, el hombre que verdaderamente reconoce y expresa plenamente su relación de dependencia respecto a Dios, que nunca saldará del todo.

lunes, 2 de agosto de 2010

Santo Tomás de Aquino IX

3.4. La abstracción.
Abstraer significa separar: sacar una cosa de otra. Por extensión se trasladó al orden cognoscitivo donde tiene su sentido más propio. La abstracción se encuentra ya en los sentidos porque conocen el aspecto de una cosa sin conocer otra. Donde se habla propiamente es en el conocimiento intelectual. Como el entendimiento es doble -agente y paciente- se habla de dos abstracciones. Propiamente dicha la abstracción es del entendimiento posible. Es indudable que el conocimiento intelectual está íntimamente vinculado con el conocimiento sensorial pues de ahí saca todos sus contenidos. Esta vinculación plantea problemas. El conocimiento sensorial tiene por objeto la realidad singular y pasajera. El conocimiento intelectual tiene por objeto la realidad universal y necesaria. ¿Qué explicación tiene esto? La multiplicidad numérica la explica la materia y el cambio. Si no hay cambio en nuestro entendimiento, para explicar ese paso hay que poner el entendimiento agente, hace inteligibles realidades que en el orden sensorial no son universales y necesarias. Su función consiste en la iluminación, acción desmaterializadora. Esta no es la abstracción en el sentido más propio sino que es preparar el conocimiento intelectual. El entendimiento pasivo es la abstracción más propia. Recibe los materiales preparados por el entendimiento agente. Sólo es pasivo en su primer momento. La abstracción consiste en considerar un aspecto sin considerar otro o considerar que un aspecto no es otro. El primero es abstracción por modo de simplicidad -simple aprehensio- y el segundo es abstracción por modo de composición -de juicio negativo-. La diferencia entre estos dos tipos es que la primera no supone una separación real porque nada se opone a que lo unido real lo considere separado. Aquí no hay falsedad. La segunda exige que lo que se separe en la realidad esté separado extra mentis. La abstracción del entendimiento paciente puede ser total o formal. La abstracción total es extraer el todo de sus partes (no el todo integral). El todo es el universal de sus singulares. Consiste a veces en separar la especie de los individuos. Y otra veces se extrae el género de las especies, y otras un género superior de otros inferiores. La abstracción formal separa el elemento determinante del elemento indeterminado. Como eso se da en la materia y la forma se llama abstracción formal. Hay grados según la forma que se abstrae en virtud de los cuales se distinguen las ciencias teóricas. Unas veces se prescinde de la singularidad: Ciencias naturales, cosmología y psicología. En el segundo nivel se prescinde de una ulterior propiedad de la materia: prescinde de los sensibles propios: color, olor, sabor. Se retienen aún los sensibles comunes: cantidad, tamaño y figura. Las matemáticas pertenecen a este grado. En el tercer grado de abstracción aparece prescindiendo de la materia misma, abstracción formal completa, se encuentra en la metafísica. Los conceptos metafísicos son conceptos que valen tanto para el mundo material como para el mundo inmaterial (realidades precisamente inmateriales).

jueves, 29 de julio de 2010

Relación filosofía e historia

La relación entre la historia y la filosofía no fue una simple investigación acerca de sus implicaciones mutuas como disciplinas autónomas sino más bien un intento de clarificar sus solapamientos y presupuestos comunes cuya formulación inicial, desde la revelación del joven Collingwood, indicaba eran algo más que relaciones externas. El hecho de que Collingwood fuera ambas cosas, historiador y filósofo, da, en primera instancia, cierta idea de que no se trataba de un problema estrictamente teórico. Desde sus primeros escritos puede verse un intento continuado para destruir el prejuicio que considera la filosofía como el estudio permanentemente válido de la realidad y la historia como la constatación fáctica y clasificación de elementos secuenciales cuya única vinculación es cronológica (lo que muy pronto denominó ironizando la "historia de tijeras-y-engrudo"). Nunca concebirá Collingwood ambas disciplinas por separado; y lo que es más, sostendrá que una noción de filosofía separada de una concepción de la historia carece de sentido, y vicerversa. "Si el filósofo quiere entender la historia de la filosofía debe estudiar historia general de la humanidad; y una filosofía que ignora su propia historia es una filosofía que ocupa su labor en redescubrir errores hace tiempo muertos. La historia fertilizada por la filosofía es la historia del espíritu humano en su intento secular de construirse un mundo de leyes e instituciones en el que pueda vivir como desea vivir; y la filosofía fertilizada por la historia es el progresivo intento de resolver los problemas intelectuales ultimos cuya sucesión forma la parte interna de la lucha secular"[1]. La investigación filosófica de la historia le llevará a la investigación de los fundamentos de la historia como ciencia y a las condiciones de posibilidad de la comprensión histórica. La investigación histórica de la filosofía le conducirá a su vez a la pregunta sobre la definición esencial y funcional de la filosofía como ciencia. En ambos casos el impulso que guiaba este acercamiento era, por un lado, la necesidad de una localización precisa y una defensa del rango científico de la ciencia histórica frente a su clara desventaja desde 1600 respecto de las ciencias de la naturaleza, y, por otro, una nueva descripción de la filosofía incardinada en la historia que intente solucionar los problemas reales del mundo contemporáneo: "la vida vivida por los hombres"[2].

Si Wittgenstein afirmaba que el verdadero filósofo está siempre dispuesto a subir al ring para confrontar sus ideas, hay que decir que el itinerario intelectual del pensador inglés se forjó en constante lucha contra lo que creía eran desviaciones falsas de la filosofía, y en especial, contra ese tipo de consideración que margina la filosofía en saber estrictamente especulativo fuera del tráfico mundano[3]. Esta lucha es caracterizada por el mismo Collingwood como el presupuesto que guiaba verdaderamente el acercamiento entre filosofía e historia, la relación entre teoría y práctica: "Trabajaba también en este acercamiento primero para resistir a la corrupción moral -propugnada por el dogma idealista- de que la ética no hace más que estudiar con espíritu enteramente teórico una materia cuya investigación no afecta en lo más mínimo a la vida real; lo contrario me parecía un dogma: el ser humano, como agente moral, político y económico, no vive en un mundo puro de hechos, a los que no afectan los pensamientos, sino que vive en un mundo de pensamientos; si cambian las teorías políticas, cambia también el carácter de su mundo, y si las teorías propias cambian, cambian las relaciones con ese mundo"[4]. El acercamiento entre teoría y práctica, por otro lado, puede verse como el intento de aportar soluciones en un mundo que Collingwood veía requebrajarse desde el punto de vista no exclusivamente moral: eran los pilares de la civilización lo que el autor inglés veía hundirse tal como relata en el segundo ensayo que publica a los treinta años: la unidad de la vida vivida por los hombres se disolvía dividida en compartimentos herméticos:

"Cada actividad se ha separado de las otras, tendiendo a buscar seguidores en un desierto donde la vida humana se había perdido, y su verdadero motivo desaparecido. Cada una llegó a ser una especialidad buscada por especialistas para el aplauso de los especialistas, inútil para el resto de la humanidad. Los filósofos han perdido el contacto con la gente de manera patente que sería ocioso insistir en este punto. En la edad media el artista era quizá sólo medio artista, el filósofo era según nuestro modo de comprender medio filósofo, y el religioso no extremadamente religioso, pero eran hombres, seguros de corazón y en su vida. Hoy día podemos ser artistas, filósofos, tan religiosos como queramos, pero no podemos sre hombres en absoluto. Somos fragmentos de hombre, y no sabemos cómo dirigir nuestra vida y cómo empezar a buscar la felicidad que sabemos no poseemos"[5].

El acercamiento entre filosofía e historia se puede identificar, como ha hecho Tomlin, con el acercamiento entre teoría y práctica: "un apasionado interés de que la filosofía debe arrojar luz sobre su tiempo en los problemas políticos y sociales, y al mismo tiempo un reproche hacia los filósofos académicos"[6]. Probablemente por eso se ha clasificado eso a Collingwood actualmente en la distinción rortyana entre filósofos edificantes y filósofos académicos, dentro de las filas de los pensadores de libre espíritu junto con Wittgenstein, Heidegger y Dewey,[7]. Argumenta Code que el propósito de Colligwood puede caracterizarse como un punto de inflexión en la larga carrera de la modernidad frente a lo que se muestra escéptico con una pregunta: "¿Ahora que tenemos tanta información y dominio sobre la naturaleza, decidme, por qué estoy haciendo esto?"[8]. De esta manera se define a los filósofos edificantes como aquellos que han revitalizado la razón práctica y el sentido de la situación al mismo tiempo que desmitifican el cálculo algorítmico exacto de la razón teórica.

La casi identificación entre la biografía y su carrera académica hace difícil, en apariencia, poner a Collingwood entre los pensadores no-serios (en expresión de Rorty). Sin embargo creo que la atribución de pensador edificante que ha hecho Code es justa si se lee por ejemplo esta nota crítica escrita ya en uno de sus primeros libros sobre cierto tipo de filosofía:

"El científico asume que al describir el mundo en términos de conceptos abstractos lo está describiendo en principio correctamente: la filosofía científica surge de esta asunción al nivel de una afirmación constantemente hecha y defendida contra el criticismo. El científico piensa abstractamente; el filósofo científico justifica este modo de proceder. La justificación de la actitud científica tiene una forma doble. En primer lugar, es una lógica (formal) y una metafísica. Es un relato del pensamiento científico, una exposición de sus principios, estructura y metodología; en segundo lugar defiende la validez objetiva de este tipo de pensamiento mostrando que el mundo está constituido de tal manera que, al pensarlo científicamente, lo pensamos como realmente es. La lógica y la metafísica se necesitan mutuamente"[9].

Collingwood llamará después a esta concepción de la filosofía "utilitarista" por presuponer que su labor es siempre explicar el para qué de todos los ámbitos de la realidad.

Hasta aquí debe destacarse algo demasiado obvio para dejarlo pasar: las similitudes con Dilthey. Ha sido Hodges quien ha enfatizado la gran semejanza entre el pensador inglés y Wilhelm Dilthey. Ambos parten de una crisis del pensamiento y comienzan su labor denunciando la abstracción de los filósofos académicos con falta de conciencia histórica y de la misma filosofía hasta el presente. Esta crítica les lleva a interesarse por la definición futura de la filosofía que es transformada por lo que de modo muy parecido denominan "conciencia histórica". En el análisis de la filosofía de modo muy semejante aparece "la mente civilizada reflexionando sobre todas sus actividades y las relaciones entre ellas, y tratando de descubrir el verdadero significado de la vida", ha dicho Hodges. Collingwood y Dilthey, dice el mismo autor, están de acuerdo en lo que rechazan, y en el principal principio por lo que rechazan[10]. La prohibición impuesta a la filosofía es la intentar sobrepasar bajo el nombre de metafísica lo que trasciende la misma experiencia. La conciencia histórica les llevará a una justificación de la comprensión histórica en aras de una posible ciencia humana, y cuando la filosofía acoge con radicalidad las consecuencias de esta conciencia -la imposibilidad de superar los muros del propio presente y de la propia cultura- aparece para los dos pensadores "el descubrimiento del mismo espíritu relativista"[11]. Puede afirmarse con cierta seguridad que el problema de la relatividad del punto de vista histórico y, en consecuencia, de todas las manifestaciones culturales, resulta ser un problema central en la filosofía de Collingwood y una especie de decepción para las ciencias humanas del que se sigue un vacuo escepticismo. Sin embargo para Gadamer este paralelismo no puede afirmarse de manera rotunda, tal como ha dejado escrito en la introducción a la traducción alemana de la Autobiografía: "para Collingwood (a diferencia de Dilthey) la relatividad histórica no es un laberinto en el que Dilthey se deseperaba. Collingwood ignora la cruz y ve solo el triunfo del historicismo"[12].

"El hombre que desea conocerlo todo, desea conocerse a sí mismo"[13]. Estas primeras palabras con las que Collingwood abre los Epilegómenos a la Idea de la historia expresan en buena parte el ideal de la filosofía como autoconocimiento que inspiró el acercamiento de esta disciplina a la historia. La conciencia de una profunda crisis en la filosofía que encuentra no sólo en las aulas sino también en la vida práctica de los hombres es acicate para la búsqueda de una unidad de los saberes desde la cual poder unir las ciencias especulativas con la vida. Puede decirse que este es el ideal que le empuja, por ejemplo, cuando escribe en 1924 Speculum Mentis. "Todo pensar es pensado con vistas a la acción"[14], dice al inicio del libro. Y en el prólogo argumenta: "Nuestra tarea es buscar la vida, construir una concepción de la actividad humana que sea a la vez arte, religión, ciencia y el resto de disciplinas. Queremos que lo que hizo el Renacimiento sea deshecho sin necesidad de volver a la Edad Media. Fue el institucionalismo y su insistencia en la unidad de la mente el modo en que la Edad Media era distintivamente cristiana; y fue esa cristiandad la que hizo gigantes de hombres que tomados individualmente eran niños. La negación de este doble principio, y la aserción de su contrario, un externo individualismo acompañado de una interior separación de las actividades de la mente, se reveló no más en contra del medievalismo que contra el cristianismo, y hizo del ideal algo pagano. (...) Nuestra solución sólo puede ser en principio una solución cristiana. Será decir una vez más en palabras apropiadas a nuestra generación algo que todo el mundo ha sabido siempre"[15]. Este tipo de formulación que nunca volverá a hacer explícito con posterioridad, revela la búsqueda de una concepción del hombre que, en vez de dividir sus actividades de manera que no le quede saber racional para la conducción de su vida práctica, aúne las ciencias con vistas a la acción. El problema que subyace en la división de saberes en esferas incomunicadas y su desconexión con la vida es la distinción entre teoría y práctica. Al comienzo de su itinerario, Collingwood da una explicación de esta distinción que la convierte en connatural al modo de ser del hombre:

"La mente, habiendo formado una falsa concepción de sí misma, trata de superar esa concepción. Pero la falsedad de la concepción significa que no puede salir de ella. Hay por tanto una discordia permanente entre lo que la mente piensa que es y lo que hace. El resultado es una abierta inconsistencia entre teoría y práctica, y esta inconsistencia, como fuente de disatisfacción, es el punto de partida del verdadero conocimiento"[16].

El punto de partida, la distinción entre teoría y práctica, es el modo necesario a partir del cual el ser que consiste en comprenderse inicia su actividad. La diferencia entre la teoría, la concepción de la mente respecto de sí misma, y la práctica, el modo real en que actúa, es motivo de un desagrado que mueve al autoconocimiento con el fin de hacer idénticos ambos tipos de conocimiento; el ideal que mueve todo el proceso cognoscitivo es, según Collingwood, la no distinción de saberes, y en último término, la no-distinción entre conocimiento y auto-conocimiento[17]. La finalidad de la teoría y el pensamiento sobre nosotros mismos y el mundo al que las teorías son relativas no es un avance de la vida de la pura contemplación si con eso nos referimos a algo distinto de la vida práctica, sino hacernos capacer de ser libres para "una vida más vigorosa"[18]. Si nuestras teorías son erróneas afectarán directamente sobre nuestras acciones; pero eso no significa que el propósito de la teoría sea proveer a la gente de ideales y códigos de conducta como si la acción se trazara conforme a unos principios descubiertos teóricamente[19], sino, como ha dicho Boucher, "identificar y clarificar malentendidos con la esperanza de que ese camino abrirá posible soluciones a los problemas"[20].

El primer paso para la búsqueda de la unidad entre la teoría y la práctica no debe ser el intento de solucionar teóricamente los problemas prácticos, porque en ese caso se agudizaría la diferencia, sino atender al origen de la distinción. Es claro que estar confundido sobre el modo de actuar afecta a la acción[21]; lo que no es tan obvio es que desde la teoría no puedan resolverse los problemas prácticos. Cuando la teoría o la concepción sobre el mundo no afecta a la vida real, cuando se convierte en pura especulación, se ha dado un paso en falso. O lo que es lo mismo: cuando la filosofía se siente desligada de la historia es como si nos hubiéramos pasado de rosca, por así decir. En su autobiografía Collingwood deja escrito con mucha claridad que "el plano en el que al final surgen todos los problemas es el plano de la vida real; y al que está remitidos para su solución es la historia"[22]. Lo que va a defender Collingwood en último extremo es que la historia posee la clave para superar "la distinción tradicional entre teoría y práctica"[23].

Una de las consecuencias de la división de los saberes en esferas monádicas es, a juicio de Collingwood, la tendencia a pensar que la historia de la filosofía es una cuestión historiográfica y que la filosofía en sí está ocupada de responder las preguntas eternas sobre el hombre, el mundo y Dios. La pregunta "¿qué pensaba Platón sobre la justicia?" es una cuestión histórica que debe reservarse a los historiadores de la filosofía y a los manuales. Sin embargo, la pregunta "¿qué es la justicia?" es un interrogante que cae por completo en el ámbito de la filosofía, y es idéntica a "¿qué es la justicia en sí?". Este tipo de formulación que se atribuye a la escuela realista de Oxford de principios de siglo es denunciada por Collingwood como una falta grave de conciencia histórica. La pregunta "¿qué es la justicia, según el pensador inglés, sólo puede resolverse en preguntas del tipo "¿qué es lo que ha pensado Platón sobre la justicia?", o "¿qué piensan los hombres de hoy sobre la justicia?". Imaginar que la filosofía es la investigación sobre los problemas eternos del hombre y que sus respuestas se encuentran reunidas de forma ordenada en el Olimpo del saber no es simplemente ingenuo: es una forma de pensar muy característica de una manera precisa de concebir el mundo.

Por el contrario la relación entre filosofía e historia es mucho más estrecha de lo que supone esta manera realista de pensar que disocia problemas prácticos y problemas teóricos o especulativos. "La temática de la filosofía en cuanto que es el desarrollo organizado y científico de una autoconciencia, depende periódicamente de la problemática particular que en un momento dado presenta dificultades especiales"[24]. El inventario de los temas filosóficos en un período revela cuáles fueron esos problemas especiales: por ejemplo, en la época griega las matemáticas; en la Edad Media, Dios; en la filosofía del siglo XVI, las ciencias naturales; y en el XIX, el proceso histórico. El hombre ha forjado siempre la teoría en dependencia de sus problemas prácticos y de su concepción del mundo que le rodea y de sus relaciones con los demás hombres. Los principios teóricos sobre los que se construye un sistema no tienen primordialidad, sino que dependen de cuestiones prácticas y, detallando más, dependen de unos problemas concretos que la gente de un tiempo determinado se encuentra. Toulmin lo ha expresado bien cuando dice que para Collingwood "es un error tratar los principios más comprensivos y generales como un sistema de premisas mayores o proposiciones universales a partir de las cuales se infieren deductivamente las más específicas y particulares. Que las cuestiones específicas surjan o no surjan dependen de qué principios generales son asumidos"[25], pero esos principios generales no están de una vez por todas, y, en cualquier caso, no son como conjunto un constructo teórico que se adapte o no a la realidad.

El descubrimiento del modo de entender la filosofía incardinada en la historia, esto es, dependiente de unos problemas particulares de los hombres de época y de una visión del mundo ni verdadera ni falsa, fue unos de los hallazgos más grandes que Collingwood cuenta con pasión en su autobiografía: en una de sus excavaciones arquelógicas se dió cuenta que siempre podía interpretar correctamente la disposición de las habitaciones o el uso de ciertos instrumentos si lo hacía como respuestas a preguntas, y no a preguntas vagas sino definidas. "El conocimiento viene sólo de formular preguntas, y estas preguntas deber ser preguntas válidas y hay que preguntarlas en su debido orden. (...) La actividad interrogante es la mitad del acto de conocer"[26]. La tesis de que la forma en que se desenvuelve el conocimiento es la correlación de pregunta-y-respuesta no la abondonará en ningún momento y le servirá, por ejemplo, para describir de qué modo la imagen del mundo es algo que ni está justificado ni pu ede justificarse, algo que no es ni verdadero ni falso. Aplicado a la lógica Collingwood habla de sí mismo como un revolucionario, puesto que

"un cuerpo del saber no consiste en proposiciones, enunciados, juicios, o cualquier nombre que los lógicos utilizan para asignar actos afirmativos de pensamiento (o lo que en esos actos se afirma, porque el conocimiento significa tanto una actividad de conocer como lo que es conocido), sino que consiste en todo eso junto con las preguntas que supone deben constestar. Y una lógica en que se atiende a las respuestas y se descuidan las preguntas es una falsa lógica"[27].

El método de la pregunta-y-respuesta se aplica principalmente a la cuestión de la comprensión histórica y a los principios de interpretación. No se puede saber lo que un hombre quiere decir por el simple estudio de sus declaraciones orales y escritas, aunque las haya hecho con perfecto dominio y con intención veraz. Para encontrar un significado hay que averiguar la pregunta que le hace hablar de esa manera. Esto debe aplicarse a cualquier tipo de comprensión. El hecho de que una proposición sea verdadera o falsa, significativa o sin sentido, depende de la pregunta que se supone iba a contestar. "Ahora bien, la cuestión "¿a qué pregunta intentaba fulano dar respuesta?" es histórica y sólo es posible resolverla mediante métodos históricos"[28].

Que una proposición sólo pueda verse como verdadera si es respuesta a una pregunta implica exactamente que su significado es una verdad histórica, y que el procedimiento para averiguar el significado de cualquier proposición es siempre una investigación histórica. Decir que sólo cabe comprender un cuerpo de verdades en términos de respuestas a preguntas supone afirmar que el modo de acceder a la verdad de cualquier proposición o manifestación expresiva es el proceso interrogativo. Pero eso es también identificar el modelo de investigación con la manera en que el hombre se desenvuelve en la vida práctica: el hombre es un solucionador de problemas, y sus actividades son respuestas que tratan de resolver problemas siempre circunstanciales. La filosofía se hace histórica al considerar que los filósofos no han tratado de dar respuesta a problemas eternos sino que en cada momento han tratado de solucionar problemas particulares que, si el investigador no es capaz de averiguar, no podrá comprender al autor. La mismidad de un problema sólo existe si hay una mismidad en el proceso histórico, pero la mismidad de ese proceso no impedirá que el problema inicial se haya convertido en algo distinto. La mismidad histórica es siempre continuidad, y la continuidad implica la asimilación y transformación; el contexto determina a la comprensión. El pensamiento o la especulación no es una operación privilegiada del entendimiento que puede comprender abstrayendo del contexto y la circunstancia. No hay comprensión sin trasfondo, ni pensamiento sin historia. Por tanto "el pensamiento sólo existe en el proceso histórico -el proceso de los pensamientos- y este pensamiento es tan sólo en la medida que se conoce como proceso de pensamientos"[29].

Que la unidad entre teoría y práctica se establezca en la historia es algo que Collingwood dice en el manuscrito citado sin más explicaciones. Ya puede adivinarse que, en el contrapeso entre teoría y práctica, el modo de resolución que inspira a Colligwood es la consideración de la teoría como una forma parasitaria del conocimiento práctico que cuando exige derechos para sí sola produce peligros no pequeños y cuya solución no llega desde el mismo conocimiento teórico. Para la discusión entre el modo de conocimiento teórico y el práctico debemos ir a la última obra que Collingwood publica en vida: The New Leviathan.

La razón es definida como la función mental o forma de conciencia por la que se piensa una cosa x, a causa de que se está pensando en otra cosa y; donde y es la razón o el fundamento (ground) para pensar x[30]. El modo de funcionar racional siempre se establece entonces en términos de suposición y afirmación. "Suposición y aserción son dos actividades correlativas que forman, por así decir, la sístole y diástole del conocimiento mismo"[31]. La tradicional distinción entre razón teórica y práctica es interpretada como la diferencia que media entre la razón para decidirse a afirmar (make up your mind that), cuyo objeto es lo que los lógicos llaman proposición, y razón para decidirse a hacer algo (make up your mind to), cuyo objeto llaman los moralistas intención. De estas dos formas la original es la razón práctica siendo la razón teórica una modificación de ella[32]. Para aclarar de qué modo la razón proposicional es dependiente de la razón intencional, Collingwood introduce un concepto sacado de E. B. Tylor que denomina "ley de la supervivencia primitiva" (Primitive Survival)[33]. Según este principio la razón teórica como modificación de la práctica siempre tiene un elemento práctico al que no puede renunciar. Si la razón práctica viene a la existencia cuando un hombre forma una intención y reflexionando sobre ella se pregunta si quiere hacer realmente eso, la razón teórica se constituye cuando a través del pensamiento proposicional se busca confirmar ciertas proposiciones buscando razones para pensar así[34]. La razón teórica piensa con la presuposición de que cierto tipo de pensamiento proposicional puede responder cuando se indaga el por qué, pero esta presuposición es una "cuestión de voluntad libre", no es "una mera aceptación de lo dado, sino una decisión voluntaria a pensar de este modo y no de otro"[35]. Por tanto la razón nunca podrá ser totalmente teórica, siempre estará dependiende de presuposiciones que pertenecen a la razón práctica[36]. En ambos casos el razonamiento es la atención hacia las razones que subyacen debajo de las intenciones, buscando un modo mejor para obrar que otro (The New Leviathan 1.65, 14.3, 14.32), o de las proposiciones, intentado alcanzar razones para pensar que una proposición es verdadera como opuesta a otra (The New Leviathan 1.64, 14. 3, 14.35). El pensamiento real es siempre de algún modo experimental respecto de su método; está siempre en una relación abierta con lo que quiere averiguar, porque comienza en la práctica y termina en la ella; porque su impulso es el interés de la cosa en que se piensa. La abstracción tanto de las intenciones como de las proposiciones aparece cuando se saca a cada una de ellas del contexto y se le lleva a otro, de modo que requieran una justificación que no necesitaban en su lugar natural. Pero esa justificación es abstracta y no retorna a la práctica; es en sí misma estéril aunque puede a su vez formar parte de otro contexto y seguir produciendo abstracciones.

La dependencia de la razón teórica respecto de la razón práctica en el propio campo de la primera tiene el nombre de antropomorfismo, que es una tendencia inevitable de la razón teórica. Pensar antropomórficamente significa buscar razones que expliquen el comportamiento de las cosas distintas de las nuestras basándose analógicamente en las razones que hemos encontrado en nuestra propia conducta (14.51, 16.6, 14.62). De esta manera la génesis de las concepciones del mundo que es poseída respecto a la naturaleza ha sido siempre una proyección analógica respecto del modo cómo se consideran las razones que explican la acción. Collingwood muestra que sólo pueden existir tres tipos de razones para responder a la pregunta "¿por qué hago esto?"; a saber, porque es útil, porque es recto, y porque es mi deber. Cada una de esas respuestas, en su prevalencia sobre las demás, configura en la razón teórica un modo de entender las relaciones con la naturaleza y un modo de regular los asuntos humanos.

La teoría se convierte en la concepción de "lo que no soy yo" ni mis intenciones, de manera que la concepción utilitaria de la acción humana lleva consigo la ciencia grecomedieval (el orden cósmico dividido en medios y fines), la concepción de la rectitud de la acción, el derecho, trae consigo la moderna ciencia (el cosmos bajo la leyes naturales), y el deber como la razón del actuar lleva consigo la ciencia histórica (la conciencia histórica y individualidad)[37]. La actitud teórica hacia las cosas siempre viene determinada por la concepción que se tengan de las razones por las que se actúan. Del mismo modo las concepciones de la naturaleza dependen de la conciencia de la propia acción. Tres épocas cosmológicas se distinguen en correlación a los tres modos de dar cuenta de la acción. El mundo natural de los griegos en que el cosmos se halla saturado o impregnado por la mente, basado en la analogía entre la naturaleza macrocósmica y el hombre microcósmico; la ciencia de la edad moderna cuyo concepto de naturaleza se basa en la analogía entre la naturaleza como obra de Dios y las máquinas como obra del hombre;; y la visión contemporánea fundada en la analogía entre los procesos del mundo natural que estudian los hombres de ciencia y las vicisitudes de los asuntos humanos tal como los analizan los historiadores. "En cualquier caso la autoconciencia colectiva del hombre, su conciencia histórica de su propio hacer colectivo, suministra la clave para configurar sus ideas acerca de la naturaleza"[38]. Lo que conviene subrayar aquí es, más que el acierto o desacierto de los tres tipos de cosmovisiones, la dependencia de la constitución de la razón teórica respecto de la práctica. El mundo que rodea al actor aparece pintado con los colores que el mismo utiliza para dar cuenta de su acción inmediata.

La idea de la concepción histórica del mundo, parasitaria de la acción en la perspectiva del deber, tendrá que ser estudiada más adelante con mayor detenimiento. Interesa ahora resaltar que el método de pregunta-y-respuesta hace indiscernible el método histórico y el método de las ciencias humanas en tanto que cualquier averiguación sobre el significado de las acciones y expresiones humanas es una pregunta histórica, a saber: "¿a qué pregunta trataba de responder el autor/actor?". Por otro lado la filosofía queda incardinada en la historia puesto que la filosofía siempre ha tratado de reponder a problemas concretos de una determinada época y no a presuntos problemas eternos (la eternidad de un problema es su prosecución en la tradición histórica, y esta prosecución implica necesariamente asimilación y transformación). La concepción de la razón teórica como saber parasitario de la razón práctica, o modo de cocebir lo que no soy yo en dependencia con el modo de concebir lo que yo hago, hace de la filosofía una investigación limitada por presuposiciones que no han sido creadas por ella: por ejemplo, la presuposición de que existe un por qué. La razón teórica está apoyada en el lecho de la razón práctica (dependencia de la imagen del mundo respecto de la imagen de la propia acción). Los principios sobre los que se sustenta la razón teórica no son teóricos. "El pensamiento depende de lo que el pensador aprendió por experiencia en la acción, la acción depende de lo que él piense del mundo y de sí mismo"[39].

El pensamiento histórico -como generalidad- supone un acercamiento entre teoría y práctica en la medida que (1) es teoría (justificación de lo que no es mi acción) que encuentra su modelo de evidencia y argumentación en la historia (y no en la naturaleza o las matemáticas) para la aplicación en la conducta y desde los intereses de la existencia individual: "Todo genuino historiador se interesa a sí mismo en el pasado en la medida en que se encuentra lo que, como hombre práctico, interesa relevante para su vida"[40]; (2) "el conocimiento del pasado es el conocimiento del presente" (todo conocimiento es auto-conocimiento)[41]; (3) el método de investigación científico-histórica no se va a distinguir de la averiguación práctica de conductas o manifestaciones distintas a la propia que es utilizado en la vida diaria; (4) el método histórico va a ser una investigación conceptual acerca de las presuposiciones (razones) que subyacen en las manifestaciones histórico-culturales comunes a todas las ciencias humanas y a la filosofía.



[1] Croce´s Philosophy of History, publicado inicialmente en "The Hibbert Journal (1921), en "Essays in the philosophy of history", William Debbins (ed.), University of Texas Press, Austin 1965, p. 4.

[2] "Es en el mundo de la historia, no en el mundo de la naturaleza, donde el hombre encuentra los problemas centrales que debe resolver. Pare el pensamiento del siglo XX, los problemas de la historia son los centrales: los de la naturaleza, aunque interesantes son periféricos" (The New Leviathan 18.92, Clarendon Press, Oxford 1947, p. 129).

[3] Es posible hacer una genealogía del pensamiento de Collingwood como una secuencia de reacciones concatenadas a diversas corrientes de pensamiento de su tiempo a las que nunca dejó de prestar atención: primero en relismo de la escuela de Oxford que él mismo recibió de la enseñanza de Cook Wilson, el idealismo de Hegel y Bradley, el naturalismo de Spengler y Toybee, la filosofía de la historia de Windelband, Dilthey, Simmel, Rickert y Meyer, el evolucionismo de Bergson, la escuela historicista italiana de Croce, y, ya al final de su vida, el positivismo de Ayer y Russell. Por ello toda su producción filosófica es una cofrontación continua de sus tesis con las de sus coetáneos.

[4] An Autobiography, p. 147.

[5] Speculum Mentis, or the map of knowledge, Clarendon Press, Oxford 1924, p. 34-5.

[6] E. W. F. TOMLIN, R. G. Collingwood, Green & Co., Londres 1961, p. 30.

[7] L. CODE, Collingwood´s epistemological individualism, en "The Monist" 72 (1989), p. 542.

[8] Ibid. p. 543.

[9] Speculum Mentis, p. 271.

[10] H. A. HODGES, The philosophy of Wilhelm Dilthey, Routledge & Kegan Paul, Londres 1952, p. 342.

[11] H. A. HODGES, Wilhelm Dilthey. An Introduction, Trubner & Co., Londres 1944, p. 102.

[12] H.- G. GADAMER, Introduction to Denken, G. Barden & N. McCormic (trad.), en "The Collingwood Journal", 1 (1992), p. 12.

[13] Human Nature and human history, en The Idea of History, Clarendon Press, Oxford 1946, p. 205.

[14] Speculum Mentis, p. 15.

[15] Ibid. p. 36-8.

[16] Ibid. p. 250.

[17] "La mente quiere verse a sí misma cara a cara, y conocerse como es conocida. Aquí el objeto es el sujeto, no en el sentido de un qué que es mera negación de la distinción individual sino en el sentido de que en el objeto se encuentra su misma vida en el ser conocido por el sujeto, el sujeto al conocer el objeto. Este tipo de filosofía vive en una unidad sobre toda distinción profesional, y el filósofo puede alcanzar su bien con igual perfección cuando navega con un barco o cuenta historias al niño o da discursos teóricos a una clase (Speculum Mentis, p. 314).

[18] Ibid. p. 15.

[19] An Essay on Philosphical Method, Clarendon Press, Oxford 1933, p. 131.

[20] D. BOUCHER, introducción a Essays in the political philosophy, R. G. Collingwood, Clarendon Press, Oxford 1989, p. 37.

[21] Action, en Essays in Political Philosophy, D. Boucher (ed.), p. 77.

[22] An Autobiography, p. 114.

[23] BODLEIAN LIBRARY COLLINGWOOD PAPERS DEP. 13/3. Notes on HISTORIOGRAPHY, p. 21.

[24] The Idea of History, p. 4.

[25] S. TOULMIN, Conceptual Change and Relativity, en "Critical essays on the philosophy of R. G. Collingwood", M. Krausz (ed.), p. 204.

[26] An Autobiography, p. 25, 26.

[27] Ibid. p. 30-1. Del mismo modo "no hay dos proposiciones que se contradigan mutuamente a menos que sean respuestas a la misma pregunta. Es imposible decir: no sé cuál es la pregunta que trata de constestar, pero puedo ver que está contradiciéndose a sí mismo. Significado, concordancia y contradicción, verdad y falsedad, nada de esto pertenece a las proposiciones en sí mismas. Cada proposición es estrictamente una respuesta a una pregunta correlativa. Todas las teorías lógicas que consideran la unidad proposicional como aquella que tiene un valor verdadero o falso, son falsas. Son un pensamiento incompleto" (p. 33). "La verdadera unidad del pensamiento no es la proposición sino es algo más complejo en que la proposición sería la respuesta a una pregunta. En contra del alma de la lógica (verdadero/falso, oración= sujeto/predicado), que según esta concepción habría un lenguaje bien construido, en donde la correspondencia uno a uno entre proposiciones (verdader/falso) y oraciones indicativas que expresan la unidad de pensamiento susceptible de ser verdadera o falsa" (p. 34-5). "Una oración es verdadera cuando: (1) la proposición pertenece a un complejo pregunta/respuesta, y en cuanto tal es verdadero; (2) dentro de este complejo es una respuesta a cierta pregunta; (3) la pregunta es lo que normalmente llamamos pregunta sensata e inteligente, se suscita; (4) la proposición es la respuesta justa a esa pregunta" (p. 38).

[28] Ibid. p. 39

[29] Human Nature and Human History, en The Idea of History, p. 227.

[30] The New Leviathan 14.26, Clarendon Press, Oxford 1942, p. 100.

[31] Speculum Mentis, p. 77.

[32] The New Leviathan 14.3, p. 100.

[33] Los estudios antropológicos de Collingwood no están publicados. Se recogen en BLCP DEP. 21/4-8. En concreto el estudio sobre E. B. Tylor es BLCP DEP. 21/5 titulado Three methods of aproach: philological, functional, psychological, pp.13-24, en la carpeta que recoge los materiales y el manuscrito para un libro que Collingwood preparaba relativo a las cuentos de hadas, la magia y la interpretación de mitos y rituales. Las notas en las que se recogen los datos sobre el libro Primitive Culture (1871) de E. B. Tylor se conservan en BLCP DEP. 21/1-3, Brown Notebooks, English Folklore II, pp. 52-59.

[34] The New Leviathan 14.32, 14.35, p. 100, 101.

[35] Ibid. 14.37, p. 101.

[36] Code ha sugerido que la imposibilidad de que exista una razón teórica pura se debe a la afirmación de Collingwood según la cual "todo conocimiento descansa sobre el fundamento de la sensación" (The New Leviathan 5.1, 4.85), y que esto explicaría también la temprana aserción que hace en 1933 de que "todo conocimiento es esencialmente interpretación" (Sensation and Thought, en "Proceedings of the Aristotelian Society" 24 [1933-4]). La inevitable base sensitiva del conocimiento puede ser una buena razón para la incapacidad de la razón teórica para deshacerse de todo interés práctico, pero aquí no se desarrollará esta tesis porque sólo existen estos vestigios de que Collingwood lo pensara así (Cfr. L. CODE, Collingwood´s espistemological individualism, p. 551).

[37] "La historia es al deber lo que moderna ciencia es al derecho, y lo que la ciencia grecomedieval es a la utilidad; una pintura de un mundo externo, pintada con colores que el pintor ha utilizado para pintar un retrato" (The New Leviathan 18.51, p. 128).

[38] The Idea of Nature, Clarendon Press, Oxford 1945, p. 24.

[39] An Autobiography, p. 150.

[40] BLCP DEP. 13/3, Notes on HISTORIOGRAPHY written on a voyage to the East Indies, p. 12.

[41] BLCP DEP. 15/2, History as understending of the present, p. 1.